En
su reciente álbum ‘Todo
y nada’, el compositor y
baladista que se presenta
aquí el domingo se
reafirma como el autor de temas
de amor y desamor
Los Angeles, 21 de octubre, 2005
- Le costó mucho darse
a conocer. Vaya si tuvo que sufrirla
casi por 10 años en escenarios
de festivales de pueblos pequeños
peruanos, en bares colombianos,
participando en concursos de cantantes
buscando oportunidades. Fue en
uno de esos eventos, en una corrida
de toros en Mérida, Venezuela,
que Ricardo Montaner encontró,
finalmente, que alguien se fijara
en su voz y le ofreciera grabar
su primer disco.
“Allí se realizaba
la elección de la reina
de belleza de la ciudad, en ese
festival. El cantante principal
no asistió y yo debía
cantar sólo dos temas y
terminé cantando seis para
una audiencia de 18 mil personas.
El presidente de Rodven, la primera
disquera que yo tuve, se encontraba
en el festival y me ofreció
grabar un disco. Así comenzó
todo”, hace remembrazas
el cantante en una entrevista
en un hotel de Beverly Hills.
De no haber sido así, Montaner,
que ya se había fijado
un plazo para insistir en su carrera
de cantante, estaría en
estos momentos escribiendo crónicas
periodísticas en lugar
de canciones. Habría retomado
sus estudios de periodismo que
los abandonó para dedicarse
a la música.
“Creo que estuve a punto
de convertirme en un perdedor”,
agrega el cantante que retorna
este fin de semana a Los Ángeles
para un concierto en el anfiteatro
Gibson el domingo. “Es cierto,
hubiera regresado a la universidad
para terminar de estudiar, pero
un tanto frustrado. Debo agradecer
a Dios que eso no ocurrió.
Cuando miro hacia el pasado, sé
que estuve a punto de colgar los
guantes, pero, te repito Dios
fue muy generoso conmigo”.
Hoy, por el contrario, el venezolano
nacido en Argentina en el
barrio de Avellaneda de Buenos
Aires conoce del éxito
total. De los festivales pueblerinos
peruanos pasó al Festival
de Viña del Mar, de Chile,
al que regresó seis años
consecutivos y donde llevó
el mayor número de preseas
del evento. El año pasado,
fue el presentador del festival,
al lado de la chilena Miriam Hernandez.
Montaner se está presentando
este domingo en el Gibson, como
parte de su gira Todo y nada,
promocionando su reciente álbum
que lleva el mismo nombre, un
disco en el que el cantautor retoma
la balada clásica, pero
también ritmos bailables
con letras románticas.
Sus producciones anteriores, hechas
con el acompañamiento musical
de la London Metropolitan Orchestra,
(Vol. 1 y 2), interpretando sus
mejores temas, ponen al venezolano
en la línea de las grandes
voces románticas de Latinoamérica.
Como cantante, posee la voz clásica
del baladista. Y sus composiciones
son en su mayoría temas
que cantan a las parejas enamoradas,
al amor sublime o al desengaño.
Todo y nada, es una producción
musicalizada un tanto diferente.
“Traemos un tema, La mujer
que me robé, con ritmo
de gaita, es un ritmo folklórico
venezolano de la zona occidental
del país, del estado de
Zulia, que tiene unos elementos
sonoros muy particulares, que
se los dan el cuatro, la tambora,
la charrasca [un güiro metálico
que se toca con una varita de
metal] que tiene un sonido estridente
y mezclado con la tambora, da
un sonido especial”.
La letra es la historia de un
inmigrante que cruza la frontera
para encontrarse con su amor al
otro lado del río.
El autor de letras románticas
y el cantor de baladas no le teme
a los ritmos modernos. Si bien
tiene en su repertorio música
para bailar, no es por lo que
más se le admira. Y sería
dificil imaginar a un Montaner
variando su estilo sólo
para no quedarse atrás.
“La balada, o mejor, la
música romántica
no necesita ubicarse. Ya está
ubicada, lo demás no importa.
Un ejemplo: dónde puedes
ubicar el blue jean [los pantalones
de mezclilla], con tanta influencia
italiana, europea, china, japonesa,
el blue jean está siempre
allí. Lo puedes usar de
diferentes cortes, pero sigue
siendo el mismo. La balada es
igual, puede venir el reggaetón,
la salsa, el merengue, el rap,
el hip-hop, pero te aseguro: todos
los intérpretes de estos
géneros o ritmos, incluyendo
a los raperos, a la hora de hacer
el amor, lo hacen con una balada,
no creo que lo hagan con un reggaetón”.
Nada más contundente para
afirmar que los tiempos y ritmos
cambian pero lo romántico
es lo único que se mantiene.
Igualmente, sus mejores intérpretes
se mantienen.
La gira que comenzó en
Puerto Rico hace mes y medio y
continuó en Miami, Nueva
York, Las Vegas, lo trae después
de tres años a Los Ángeles,
para luego seguir en México
y Sudamérica. “En
febrero nos vamos a España
para hacer presentaciones y luego
volver a terminar la gira en México
y Venezuela”.
Quienes han visto a Montaner en
la tarima, conocen de su carisma,
de su buena comunicación
con el público y sobre
todo, de la emoción que
pone en sus temas. No es raro
ver a las damas enamoradas echar
algunas lágrimas, lo cual
motiva todavía más
al intérprete.
Que si sus hijos Alejandro
y Héctor quienes
ya entraron a la misma arena artística
del padre, alcanzarán el
nivel de su progenitor sólo
el futuro lo sabe.
“Raro no sería que
alguna vez estemos en una misma
tarima los tres. Pero no por ahora.
Yo pienso que Al y Héctor
tienen que seguir buscando ese
lugar, que seguramente lo tienen,
para continuar. Ellos todavía
están explorando y les
está yendo bien en el poco
tiempo que tienen, pero tienen
que echar pa'lante y tener paciencia”.
Mientras tanto, la familia, es
muy unida. Residentes todos en
Miami, con ese buen sentido del
humor que posee Montaner, dice
que se ven todos los días
a la hora del almuerzo.
“A la hora de comer siempre
están allí, llegan
al mediodía, se comen mi
comida y se van”.
Fuente: La Opinión - EE.UU.