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Ricardo Montaner en Valentín Alsina: “Volví a mi barrio”
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Por: Karina López
Fotos: Pablo Puente / Revista Caras - Argentina
Un hombre es su biografía y también un pasado que siempre se hará presente con la fuerza del afecto, de los recuerdos inolvidables. Para Ricardo Montaner la Argentina siempre será un lugar de constante retorno, porque, de algún modo, aquel niño que jugaba en las esquinas del barrio de Valentín Alsina, Lanús, jamás se fue del barrio. Ahí sigue corriendo, entretenido en sus plazas, columpiándose en coloridas hamacas, con el pelo engominado y el guardapolvo blanco, buscando llegar prolijo y puntal para saludar a su maestra de primer grado.
El día previo al primero de sus ocho shows en el Luna Park, Ricardo o Héctor Eduardo Reglero Montaner, su verdadero nombre, comprendió que una vez más ya era hora de volver. Dejó su suite cinco estrellas para viajar a la ciudad donde nació y tejió su infancia añorada. La misma que abandonó a los 6 años, cuando el destino de la familia Reglero encontró una oportunidad en tierras venezolanas. Junto a él viajaba Evaluna (10), la menor de sus cinco hijos, entusiasta compañera de viaje que consultó a su padre por cada rincón señalado. A cada pregunta, le siguió una historia, a cada vivencia evocada, una sonrisa cómplice entre padre e hija. Ricardo quiso que su primera postal fuera la entrada a su barrio. El puente Alsina y su incesante tránsito fueron el marco perfecto. A la felicidad del arribo, le sucedió cierta tristeza.“Me deprime ver las calles tan sucias y rotas. Y que un patrimonio histórico como este puente se halle en tan mal estado. Mi abuelo, Laurentino, ayudó a construirlo a mediados del siglo pasado y me da dolor verlo así. Yo hago un llamado a las autoridades que van a llegar pronto para recuperar barrios como este, tan llenos de historia”, afirmó el cantante.
Su paso por Valentín Alsina no demoró en ser descubierto. Un hombre fue el primero en darle la bienvenida.“Con tus temas me levanté quinientas minas” -le dijo-. “Te aseguro que yo no me levanté ni una” -le respondió entre risas el cantante-. Luego, el paseo recaló en la plaza central del barrio, sobre la avenida Perón, el epicentro del anecdotario familiar. Allí, un busto de Evita atesoraba un secreto ahora develado. “Mi abuelo Laurentino trabajaba activamente en Valentín Alsina a favor de Evita. Cuando el golpe militar del `55 derrocó a Perón, él salió corriendo junto con sus hermanos hasta esta plaza, para esconder este busto, porque estaban destruyendo todos las insignias del peronismo. Durante muchísimos años lo guardó en una caja en su casa a dos cuadras de acá, sobre la calle Itapiru al 715. Luego, cuando el peronismo volvió al poder, lo trajo nuevamente a esta plaza, y aún sigue aquí. En una de estas esquinas quedaba el colegio donde estudiaban mis primos, y por allí la iglesia del pueblo. Recuerdo que en esta plaza se acostumbraba a hacer kermeses y shows para la familia. Este no era un paseo de fin de semana, era la distracción diaria que teníamos junto a mis primos. Fue el lugar donde mis padres, Marta y Eduardo, se conocieron cuando tenían quince años, porque ella tomaba el colectivo en esta plaza y mi papá la veía todos los días, hasta que un día se animó a hablarle. Se enamoraron. También rodeando esta plaza, estaba el Club Sportivo Alsina, donde mi papá jugaba villar con sus hermanos y amigos”, rememora Ricardo.
Allí, en esa misma plaza donde jugó a las escondidas y a la mancha, Ricardo dejó de lado al niño para abocarse a lo que más disfruta: el espacio junto a sus hijos. En el sitio donde solía hamacarse hasta el cansancio, esta vez, el artista quiso que lo hiciera su hija Evaluna. “¿Esta es la plaza donde la tía Norma se llenó de hormigas?” -le preguntó la pequeña a su padre-. “No, esa es otra plaza que está más lejos”, le aclaró el cantante, hincha de Independiente. El itinerario continuó a pie rumbo a la casa de los abuelos paternos, la misma que construyeron los Reglero, ubicada a dos cuadras de la plaza que habían visitado. “Me viene a la memoria otro recuerdo: allí, en esa esquina de las calles Itapiru y Eva Perón, en la vereda armé una especie de batería, con unos palitos que me regaló mi primo y unas latas de galletitas. Ahí estaba yo, sentado en el piso, a los 6 años, justo antes de partir rumbo a Venezuela, tocando ‘mi batería’, jugando a ser músico”, dice.
El pasado vuelve a explicar lo acontecido después. Una vez en Maracaibo, Venezuela, Ricardo fue el baterista de una banda llamada “Scala” hasta que, durante una presentación, el cantante del grupo enfermó y él debió ocupar su lugar, iniciando su carrera como vocalista.
Aún quedaban más sitios por visitar. “Este es mi colegio. Como alumno era muy aplicado, y mamá siempre me vestía muy bien (risas). Desde que la construyeron siempre asistí a esta escuela, porque antes iba a otra, y debía tomar colectivo. Aquí tuve mi primera novia (se llamaba Nancy), y la conocí en primer grado. Con ella tuve mi primer beso de amor, durante un acto del colegio en el que participé. Todavía sigue siendo un gran recuerdo para mí, como también lo es mi maestra, Eve, de quien en aquel entonces me enamoré como todo chico de seis años”.
Los minutos fueron pasando sin que el cantante lo notara, pero cada calle y cada esquina merecieron su total atención. La presencia de Ricardo en Valentín Alsina causó sorpresa y emoción en los habitantes del lugar. Las mujeres más jóvenes buscaban celulares con cámaras para registrar el momento. Otras, más maduras, olvidaban el pudor y le acercaban sus anécdotas de viejas vecinas. “Yo conocía a tus tíos, porque siempre viví acá”, fueron confesando al artista. “Cada vez que visito la Argentina vengo a comer unos ravioles con Roberto Carbone -mi padrino de bautismo-, y su esposa, Adelina. Mi padrino era el mejor amigo de mi familia, y aquí en el barrio tenía una fábrica de pintura industrial. Fue un hombre muy próspero que fundó una familia espectacular, lo aprecio mucho”, contó Ricardo, emocionado, luego de abrazar a su estimado anfitrión en la cálida casa de la calle Florida. La mesa estaba servida y lo invitaba a comer en familia, pero esta vez, en la Argentina.
Fuente: Revista Caras - Argentina
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