Viña
del Mar, 17 de febrero, 2005 -
Sin las curiosas patillas que
lució desde su arribo a
Chile, de humita, camisa blanca
y ambo negro, Ricardo Montaner
salió al escenario de la
Quinta Vergara llevando de la
mano a Myriam Hernández
y la galería se vino abajo
aplaudiendo al nuevo animador
del Festival Internacional de
Viña del Mar.
Atrás quedaron los malos
augurios de quienes anunciaban
una rechifla general. Y aunque
el fantasma de Antonio Vodanovic
rondó como alma en pena
en la galería, un minuto
antes de las 22 horas, cuando
el público empezó
a corear el nombre del legendario
animador festivalero, diez minutos
después, apenas salió
Montaner al escenario, la ovación
fue de pie y nadie más
se acordó del platinado
hombre que manejó al Monstruo
durante 29 años.
“¡Que Dios bendiga
a Chile! ¡Arriba Viña!”,
fue lo primero que dijo el argentino
venezolano, luego de la presentación
que le hiciera Myriam, vestida
con un Giorgio Armani con cristales
en el escote, encargado a Europa
por Sarika Rodrick.
La morena parecía ser el
eje en que debería moverse
la animación festivalera.
Pero era el venezolano quien la
guiaba con frenesí de un
lado a otro del escenario, como
presa de una ansiedad incontrarrestable.
“Vamos a trabajar”,
le dijo y entonces vino la habitual
petición del respetable:
el beso. “Véngase
paca, morena”, le dijo a
Myrian y la atrajo de un tirón,
le estampó el beso en la
mejilla y le dio un abrazo.
Montaner se había echado
la quinta al bolsillo, y ni siquiera
hubo reparos cuando definió
como “opening maravilloso”
la obertura marina del ballet
de Hugo Urrutia.
“Sinceramente, no estaba
nervioso. Te doy mi palabra de
cristiano y quedé feliz.
Tenía un maravilloso piso
que pisar”, dijo al final
de la primera jornada, abrazado
por Ricardo de la Fuente, director
general del festival, y su amiga
Myriam.
Sobre el momento más dramático
de la noche, cuando arreciaron
las pifias por la despedida de
La Oreja de Van Gogh, Montaner
explicó que “queríamos
darles antorchas y gaviotas a
todos, porque somos artistas y
sabemos lo que es estar arriba
del escenario’’.
Myriam también irradiaba
felicidad. “Me sentí
muy cómoda con Ricardo,
feliz. Yo sabía que el
público no lo iba a pifiar”,
confesó.
Fuente: Las Ultimas Noticias (Chile)