El último animador del mundo

Por: Larry Moe

Imagínese a Ítalo Passalacqua animando una desenfrenada despedida de soltero. La de Iván Zamorano, por ejemplo. O a Patricia Maldonado nombrada, por aclamación de los integrantes de la Real Academia de la Lengua Española, miembro honorario. O a Ricardo Montaner animando el Festival de Viña. La diferencia con Ítalo en el Passapoga y la Maldonado hundida en un sillón en una sesión de la RAE es que Montaner en Viña estará en su salsa. 

¿Qué mejor que un tipo admirado en toda Hispanoamérica para lanzar definitivamente al Festival al ruedo internacional? De hecho, su currículo deja chico al de nuestra Myriam Hernández, que de hecho tampoco es animadora profesional. Y no recuerdo a nadie poniendo el grito en el cielo por eso. Han surgido voces que lo condenan de antemano por su nula experiencia en el rubro. Y a algunos les ha caído como ají en los confines de la espalda que haya reconocido que lo único que ha animado son los cumpleaños de su hija Eva Luna. Si es por experiencia, traigamos a Raúl Matas. 

Lo que intentan desconocer los detractores de Montaner es su carisma a toda prueba, el mismo que el miércoles último (en octubre), en el Club Hípico, desvaneció los churrines de mujeres de todas las edades con sólo saltar al escenario (casualmente, el público objetivo de la Quinta).

Ahora, si lo vamos a condenar por no haber nacido en esta tierra, tendríamos que admitir que el problema ya no pasa por él, sino por nosotros y nuestra xenofobia.

Al tenor del angustioso y bochornoso espectáculo brindado por rogados (Luis Jara) y carteleros (“Superocho” Alarcón, Sergio Lagos, “Pollo” Fuentes), que antecedió a la designación, como maestro de ceremonias de la próxima versión del certamen, del cantante argentino-venezolano, Canal 13 tomó una decisión valiente. Y que no podía seguir postergándose.

Yo me mojo el potito y apuesto a que Montaner va arrasar. Le deseo éxito a él y de paso al jurado de este torneo musical, tradicionalmente integrado por actores, modelos, deportistas y, en general, gente que no tiene la menor idea de música. A diferencia de Montaner.