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El
cantante nacido en Argentina pero
venezolano de ejercicio habla de
Hugo Chávez, de los gobiernos
latinoamericanos, de Argentina y,
por supuesto, de la música
romántica.
Hablar con Ricardo Montaner es muy
fácil. Para el cronista es
una bendición: casi no necesita
ser editado. Uno prende el grabador
y, luego, escribe de un tirón.
El hombre habla lento, elige sus
palabras con cuidado, de la misma
forma en que escribe las letras
de sus canciones. Lo que no es tan
fácil es acceder a él,
porque después de todo, es
una estrella. Y eso se suma a que
está hospedado en un hotel
repleto de presidentes de distintos
países, que vinieron a presenciar
la asunción de Néstor
Kirchner.
Pero una vez frente a él,
la cosa no puede ser más
relajada. Sabe que dar notas es
parte de su trabajo, y lo asume
casi con placer. El motivo en esta
ocasión es el lanzamiento
de su nuevo álbum, Prohibido
olvidar, en el que, sin abandonar
su genética romántica,
se lanza de lleno a la canción
de protesta.
- ¿Qué expectativas
tenés por el lanzamiento
de Prohibido olvidar
en Argentina?
- A eso hay que agregarle que
Argentina está viviendo un
momento muy especial, como es la
asunción de un nuevo presidente.
Eso de alguna manera es un canto
esperanzador. Mi disco es lo mismo.
Justamente, el disco es una especie
de llamado de esperanza a los países
que de alguna forma han estado bajo
la sombra del pesimismo. Los temas
Prohibido olvidar o
República de la Alegría
son un llamado al optimismo, sobre
todo a la juventud. Porque hoy en
día se ven ciertas caras
de amargura por donde quiera que
vas, y es producto un poco de lo
mismo. El pueblo se amarga cuando
percibe que los gobernantes, que
han sido puestos allí por
ellos mismos, al día siguiente
de subir al poder se olvidan de
quién los puso ahí
y comienzan a hacer una vida alejada
de la realidad. Ya no agarran niños
y los levantan. Ya no se acuerdan
de que hay hambre, falta de educación.
Prohibido olvidar es
un llamado de atención específicamente
al gobierno de Venezuela y, por
supuesto, a los de todos los países
que, de la noche a la mañana,
creen que ha terminado el período
de mandato de Dios, y ahora son
ellos los nuevos Mesías.
- ¿Entonces es un disco
con un mayor compromiso social?
- Yo creo que en este disco yo tomo
cierta posición. Públicamente
he tomado posición muchas
veces, cuando hablo en el escenario.
Pero muy poco lo había hecho
a través de la música.
Ciudadano enmascarado
en un momento, Haciendo camino
en otro, Los hijos del sol.
Pero ahora, un poco deliberadamente,
con Prohibido olvidar
me meto un poco más en la
profundidad.
- ¿Esto lo hacés
dejando de lado lo romántico,
o ese elemento sigue estando?
- Lo que pasa es que yo traté
de no salirme de una cosa, aunque
estaba pisando otro terreno. Es
decir que en Prohibido olvidar,
a pesar de ser un tema de alguna
manera contestatario, no me salí
de la temática del amor.
Así como República
de la alegría es un
canto de optimismo, pero siempre
hablando del amor por una mujer.
Es como una doble lectura. Creo
que logré conjugar ambas
cosas.
- ¿Hay algún tramo
de tu disco que se refiera específicamente
a la Argentina?
- Yo creo que toda la canción
Prohibido olvidar, salvo
quizás el momento en que
yo señalo con el dedo a un
gobernante, sin decir quién
es. Salvo esa parte, en donde le
hablo de frente, porque el presidente
que deja ahora la presidencia en
Argentina estuvo poco tiempo allí,
y no tuvo oportunidad de hacer mucho.
Sin embargo, sí creo que
dentro de lo malo que se encontró,
por lo menos preparó al país
para un momento como el que está
viviendo ahora. Eso es algo bueno.
Salvo ese señalamiento, toda
la canción podría
adaptarse a cualquier gobernante
de América Latina.
- Fito Páez dice siempre
estamos haciendo la misma canción...
¿A vos te ocurre lo mismo?
- Eso que dijo es muy inteligente.
Cuando uno se sienta en el mismo
sofá, viendo el mismo paisaje,
la misma pared o la misma ventana,
uno pareciera estar haciendo siempre
la misma canción. Porque
uno elige las mismas horas. Yo elijo
la del desayuno para escribir canciones.
Y hasta son los mismos pájaros
los que se paran ahí afuera.
Así que sin lugar a dudas
tiene mucha razón. Cuando
uno agarra la guitarra, el primer
acorde siempre es el mismo. La mano
va sola al primer acorde, que siempre
es el Re o el Do mayor. Pero lo
que resulta es lo que interesa.
Porque aún cuando el tema
que abordas suele ser el mismo,
sin lugar a dudas que cada canción
tiene identidad propia.
- En esta época en que
el género romántico,
así como el pop, está
tan invadido por productos prefabricados,
¿cómo se hace para
seguir siendo un cantautor con identidad,
sin caer en los clichés típicos
del género?
- Eso es una continua batalla.
Pero, al mismo tiempo, el secreto
está en no hacer demasiada
resistencia. O sea, cuando te empeñas
demasiado, generalmente lo que haces
es meter la pata. Entonces, el secreto
radica en no ponerse en contra de
lo que tú mismo estableciste
como identidad, y por la que la
gente te reconoce y te quiere ¿De
qué vale luchar contra eso?
Yo creo que aquí gana el
asunto de la experiencia. Cuando
uno va por el trabajo número
12 ó 13, y comparas con tus
primeros trabajos, te das cuenta
de que has cambiado, porque has
vivido, por has ido para adelante,
porque te tocó vivir el hecho
de mudarte de ciudad, y ya los colores
no son los mismos, o hay otro idioma.
Entonces el entorno te va variando,
así que lo que uno recoge
para escribir se enriquece.
- ¿Hay un hilo conductor
entre todos esos discos?
- Totalmente. Siempre he dicho
que, en mi caso, el idioma es el
hilo conductor. Más que los
giros melódicos y todo eso.
Si tú oyes una canción
o un disco de Fito Páez,
cuando oyes los primeros acordes
ya lo reconoces. En el caso mío,
tú sabes que soy yo cuando
escuchas las primeras palabras.
Así que es la manera en que
digo las líricas. Hay canciones
que se contestan unas a otras. Como
El final del arco iris
responde a la segunda parte de Déjame
llorar. En este disco aún
no lo he descubierto. Muchas veces
pasa algún tiempo hasta que
me doy cuenta.
- En este disco hay sólo
dos temas que son más movidos,
más up-tempo ¿Fue
a propósito?
- Uno es No me puedo aguantar,
que se hizo originalmente en dos
versiones. El otro es República
de la alegría, en donde
me meto un poco en el terreno de
(Carlos) Vives y otros exponentes
del pop vallenato. Y eso se debe
a que el equipo de producción
con el que trabajé es colombiano.
Así que salió casi
solo. Tenía que aprovechar
eso. Esa canción va a ser
el opening act de mis
shows. Vamos a empezar siempre con
este tema. Para entrar con ritmo
en el concierto.
- ¿Cómo es el nuevo
video de la canción Qué
ganas?
- Lo hizo mi mujer, como siempre.
Elegimos México, porque casi
todos mis videos son paisajistas.
Yo tengo esa obsesión de
que siempre deben fotografiar algo
y, generalmente, es la naturaleza.
El Yucatán siempre me ha
llamado la atención, especialmente
los ríos subterráneos.
Hay muchísimos. Están
llenos de estalactitas, de piedras
que cuelgan. Y es agua que brota
de la propia tierra, no es de vertiente.
Es totalmente cristalina. Así
que nos metimos allá adentro.
Nos fuimos a una hacienda maravillosa,
a la que uno puede ir como turista,
alquilando habitaciones. Guarda
esa cosa del siglo XVII, con pavos
reales, caballos, una historia espectacular.
- Dentro de lo latinoamericana
que es tu música, ¿cuál
sería el componente argentino?
- Yo te puedo asegurar que si hiciéramos
una disección de la música
que yo hago, y separáramos
lo que se llama la lágrima,
esa lágrima es de aquí.
Esa nostalgia, esa hondura del sufrimiento,
del sentimiento, es muy del tango.
Y eso lo he llevado durante toda
mi carrera. Porque si hay algo que
yo me llevé cuando me fui,
fue eso. Todos los que se van de
aquí se llevan debajo del
brazo un tango.
- ¿Cuándo vas a
venir a presentar el disco aquí?
- Aún no lo sé,
pero calculo que será para
octubre o noviembre. Pero seguro
que venimos.
Fuente: Tomado de Amores Fans club
Argentina
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