Montaner deja satisfecho al público poblano

 
Por: Elisa Vega

Ya en el escenario, el cantante con pantalón negro, camisa blanca y un chaleco estampado bastante pasado de moda —que por alguna razón trajo a mi mente la palabra “decadencia”— una interpretación floja que apenas emocionó al público, siguieron las interpretaciones “Corazón fracturado”, “Échame a mi la culpa”, “Heridas de amor”, “Hoy tengo ganas de ti” y “Procuro Olvidarte”, interpretación luego de la cual explicó ese concierto, titulado “Ricardo Montaner, las mejores canciones del mundo” era un compilatorio de canciones de su niñez, con las que “casi” creció (aunque varias melodías fueron éxitos relativamente recientes) y que Puebla era la segunda presentación de su gira, luego del Auditorio Nacional.

Para “Bésame la boca”, “Penumbras”, “Por un beso”, “Tengo verano” el público ya estaba en sintonía con el compositor venezolano de origen argentino, quien durante varios minutos abandonó el escenario para adentrarse entre las filas del auditorio, dejarse abrazar y besar por sus emocionados seguidores (principalmente mujeres), que permanecieron de pie para corear “Será”, “Como quisiera”, “Soy tuyo”, “Sólo otra vez” el tango “Nostalgias”, “Tan enamorados”… se los echó a la bolsa enseguida.

Desde luego, las canciones representativas de la carrera del cantante “Déjame llorar”, “Me va a extrañar”, “La cima del cielo”, “El poder de tu amor” fueron los picos altos de la noche, que al finalizar la velada dejaron a un público satisfecho.

Si bien es cierto que Montaner ofreció a los poblanos una velada netamente agradable, durante la que sus seguidores pudieron establecer un contacto íntimo con él, solicitarle algunas canciones, acercarse al escenario para cantar y bailar en su compañía, el concierto no dejó de ser un compilatorio de música de artistas que dejaron huella en Montaner a lo largo de su carrera, y aquellos éxitos infalibles que aunque pasaran diez años seguirán emocionando a los fans del cantante, pero no hubo más propuesta musical.

Se había cumplido media hora de retraso, el auditorio estaba lleno, y una voz en off decía que por problemas en una construcción o una cosa así, el concierto se retrasaría dos horas. El público, incrédulo permaneció impávido. De pronto las luces apagaron, cayó el telón y descubrió una escenografía citadina: alguna calle de Nueva York; los músicos y las coristas, con chalecos de obreros de construcción, cascos y botas; una pequeña grúa descendía y de ella la voz de Ricardo Montaner interpretando “La chica del ascensor”, y como por arte de magia se llenó a tres cuartos el auditorio.

Fuente: Periódico digital - México