El largo romance de Montaner

 
El cantante venezolano se mantiene en Puerto Rico como un ídolo indiscutible y llenó 15 veces el prestigioso Centro de Bellas Artes de San Juan, todo un record

Por: Aquilino José Mata Puerto Rico

Llegar a San Juan de Puerto Rico es encontrarse con una ciudad tan acogedora y cálida como su gente. El paisaje cambiante, que va desde las fortalezas, murallas y calles empedradas del viejo enclave colonial, hasta las hileras de ostentosos hoteles de El Condado e Isla Verde, pasando por las populosas avenidas llenas de comercios edificios en Hato Rey, hablan por sí mismos de los contrastes que encontramos por todas partes en este hermoso país del Caribe.


Borinquen es música

Los habitantes de Borinquen tiene bastante de que sentirse orgullosos, y así lo proclaman con simpatía y cordialidad cada vez que se les presenta oportunidad. Es un pueblo que, aún y con su estatus de Estado Libre Asociado a los Estados Unidos, se siente orgulloso de sus orígenes, de sus raíces históricas, de su música y tradiciones.

Y como en toda isla, su gente es permeable a la hora de recibir las influencias que les llegan de afuera, y a esto, por supuesto, no escapa musical.

Como si no fuese suficiente con la rica gama de ritmos propios, también se hacen eco de las expresiones foráneas que logran cautivar su sensibilidad.

Por ello, y por muchas otras razones, los puertorriqueños han hechos prácticamente suyas a luminarias de la música que, aunque no nacidas en su suelo, sienten prácticamente como propias. Y en este grupo figuran nombres tan eminentes como los de Felipe Pirela, Marco Antonio Muñiz, Olga Guillot, Joan Manuel Serrat, Alberto Cortez y Ricardo Montaner, por sólo mencionar algunos.


Un viejo romance

Lo de Ricardo Montaner con Puerto Rico fue amor a primera vista. Desde su visita inicial, hace aproximadamente 10 años, el flechazo no se hizo esperar.

Fue una de las primeras plazas internacionales que le abrió los brazos, en un apretón que tiempo ha ido estrechando cada vez más a base de amor y admiración.

Recordamos, en los albores de la carrera del intérprete de "Tan Enamorados", "La cima del cielo" y "Bésame", haber sido testigos de un memorable concierto que dio en el Centro de Bellas Artes, el Teatro de mayor prestigio de San Juan. La audiencia que plenó el teatro siguió su actuación de pie, con aplausos, vítores, exclamaciones de admiración, coreando y bailando sus canciones. Fue el acabóse.


Ídolo siempre

Una década después, regresamos a esa sorprendente ciudad de tantos armónicos contrastes, donde el mar lo corona todo, que es la capital de la bien llamada Isla del Encanto, para presenciar otro antológico concierto de Ricardo Montaner, en el mismo escenario de aquel primer triunfo: el Centro de Bellas Artes de Santurce.

Ya desde nuestra llegada a la isla, al escuchar en la radio del vehículo que nos trasladó al hotel, la sentimental melodía de "Bésame", supimos que el romance de Montaner con Puerto Rico se mantenía inalterable.

Y lo corroboramos más tarde con el comentario de un ejecutivo local de su casa disquera, quien nos informó que esa noche íbamos a ver la función número cinco, de las once que ya tenía pautadas en el Bellas Artes.

Pero aún no había batido el récord, pues días después, ya de regreso en Caracas, nos enteramos que el venezolano había roto la marca establecida, al llegar a las quince funciones. Hasta entonces la delantera la llevaba el guatemalteco Ricardo Arjona, con doce.

Profesional, perfeccionista y atento a los más pequeños detalles, Montaner ha encontrado a un invalorable aliado en el puertorriqueño Topy Mamery, su manager desde hace varios años. Ambos han conformado un equipo tan engranado y con acertadas miras hacia el futuro, que sin esta llave el éxito de Montaner seguramente se hubiese dado, pero correría por otras vías.


Al mejor estilo

El espectáculo de Ricardo Montaner en el Centro de Bellas Artes tuvo el nivel y el empaque internacional de cualquiera de los grandes shows que estamos acostumbrados a ver, en capitales donde el show business es tradición, como Nueva York, Buenos Aires, Madrid, Las Vegas y Ciudad de México.

Todos los elementos están ensamblados de tal manera, que a la suma de sus partes no le falta ni le sobra nada. La iluminación es una de las más vistosas y creativas que hayamos visto y actúa prácticamente como un elemento escenográfico. El sonido destaca por su equilibrio y profundidad. La orquesta, integrada casi en su mayoría por los "amigos de siempre" del cantante, suena como una de esas bandas a la que es imposible dejar de prestarle atención. Las coristas poseen tantas condiciones individuales, que muy bien podrían incursionar como solistas con buena fortuna. Y las coreografías en las canciones rítmicas son contagiosas, bien pensadas y mejor concebidas.


Una nueva faceta

Mención aparte para una habilidad que Montaner mostró en este concierto, y que en otras ocasiones había desplegado, aunque en forma más velada. Nos referimos a su faceta de comediante.

Sus chistes y sus bromas con la audiencia, más que de humoristas ramplones y predecibles, al estilo Álvarez Guédez, parecen más bien tomados de la genialidad y vuelo creativo de los exponentes de la "stand up comedy" norteamericana. Quedamos muy gratamente impresionados al palpar que el artista, de manera espontánea y sin forzadas poses, haya desarrollado una aptitud, que además de servirle de adecuado complemento para sus shows, podría llevarlo mucho más lejos de lo que ya ha llegado.

En fin, que al intérprete que actualmente se escucha en todo el continente con esa hermosa balada con toques bolerísticos llamada "Bésame", le aguarda un futuro más que promisorio para continuar creciendo y triunfando artísticamente y, lo más importante, para seguir llevando el nombre de Venezuela por el mundo a través del más maravilloso de los lenguajes: la música.