Derroche de romanticismo

El argentino radicado en Venezuela confirmó la conexión que tiene con el público porteño. Hizo una catarata de éxitos, homenajeó a Sandro y "cantó" con Gardel.

Por: Marina Zucchi

Esos señores que buscan desesperadamente una esposa hiper romántica, o los que intentan reconquistarla, deberían saber -según advierten las parejitas fanáticas- que los recitales de Ricardo Montaner son la llave. Juran que el cantante los unió en algún show o los reconcilió, por una razón obvia: derrocha sentimentalismo con esos repertorios apasionados, no aptos para reacios a lo empalagoso.

El argentino radicado en Venezuela ya había hecho ocho Luna Park y hasta un Vélez el año pasado, y sin embargo volvió a llenar el templo del box con sus inefables Tan enamorados, Me va a extrañar, Déjame llorar o Castillo azul... que conforman Las mejores canciones del mundo volumen 2.

La previa estuvo a cargo de Serafín Subiri al piano -el ex bailarín español de ShowMatch—, que apeló a temas de Nino Bravo y a los propios que conformarán su álbum. Pronto, ya con Montaner en escena y sus hijos adolescentes en guitarra y batería, el primer pico emocional llegó en el homenaje a Sandro: cantó Penumbras, con un collage de imágenes de Roberto Sánchez de fondo, y a capella el feliz cumpleaños por los 63 del Gitano.

Después, el concierto tomó varias direcciones:

1) Propuso un certamen de beso larga duración, en el que seis parejas concursaron informalmente para soportar el besuqueo sin ahogarse y ganar un tour express por el camarín del artista.

2) Tomó la posta Héctor Montaner, su hijo, de notable parecido físico, claro heredero del público de su padre, quien cantó dos temas hasta que Ricardo regaló pelotas autografiadas a la platea como si fuese un futbolista consagrado.

3) Sobrevino el momento de aflojar corbatas y despacharse con Cachita y una conga en la que permitió subir a varias fans y terminar con carnaval carioca casamentero sobre el escenario.

4) Invitó a uno de los cantantes de Sin bandera (Noel) y recordó a Jorge Guinzburg con imágenes incluidas.

5) Jugó a cantar con Carlos Gardel en un dúo imaginario en el que se calzó un funyi negro y entonó Volver con pose compadrita.

Con la presencia vip de Susana Giménez y Francella, cerró la velada con un tinte evangélico, por lo que el Luna Park parecía un templo y él, un predicador moderno. "Abrácense con el que tienen al lado y aunque no lo conozcan digan te amo", desafió. "Y digan a Jesucristo te quiero. Amén", redobló.

Más de 20 años de carrera resumidos en un show tan versátil como sentimental.

Fuente: Clarin - Argentina